TOTO, CAPÍTULO 6
Eran las ocho de la mañana y me desperté con el campanario de la iglesia. Me levanté y fui para la cocina. No había nada, lo bien que dormí me hizo olvidar que no había comida. Sin hacer ruido, salí a comprar algo para desayunar. No tardé mucho, me fui a la confitería que siempre estuvo a metros de casa. Pedí todo medio apurado, será por eso que don Orestes no se animó a preguntarme si yo era la persona que él suponía que era. Salí rápido de ahí y entre a casa. Mecha seguía durmiendo. Aproveché para sentarme en mi viejo escritorio para preparar la columna para el diario y pensar. Ya tomé la decisión de ir a reclamar mi casa a la municipalidad. ¿Qué haré con esto? No lo sé. Dependerá de muchas cosas. Puedo venderla o quedármela. Para eso, tendría que venir cada tanto y pasar tiempo acá. Pensar que vine para cerrar un ciclo, pero están aflorando muy buenos recuerdos, esos que tenía olvidados, o que los malos momentos habían borrado. Por suerte, para lo que el diario me está necesit...