EL HOMBRE QUE TRASCENDIÓ LAS IDENTIFICACIONES
Así como se identificó con Estudiantes de La Plata en su etapa de jugador por haber transitado toda su carrera allí, cuando se puso el buzo de entrenador, pasó por múltiples lugares y en cada uno dejó su sello. Ni bien se retiró, al poco tiempo comenzó su aventura en su lugar de nacimiento: Lanús. En el granate consiguió el ascenso a primera división en la temporada 1989-1990, tras ganar el torneo octogonal. Sin embargo, volvió a descender al año siguiente. Lejos de despedirlo, los dirigentes de Lanús apostaron por él y regresaron a la máxima categoría en 1992, para nunca más irse desde entonces a la fecha.
Ya nuevamente en primera, realizó buenas campañas hasta que decidió no seguir una vez finalizado su contrato en 1994. Decidió entonces dar una mano a su club de toda la vida, Estudiantes de La Plata, que acababa de descender dirigiéndolo junto a Eduardo Luján Manera. La dupla ascendió al pincharrata realizando una campaña espectacular, perdiendo solo cuatro partidos y contando en su plantel con Rubén Capria, Juan Sebastián Verón y Martín Palermo, entre otros. Siguió unos meses más en primera renunciando a mitad del torneo apertura. A cargo del plantel quedó quien era su preparador físico: Daniel Córdoba.
A comienzos de 1996, tomó las riendas de la Universidad de Chile, con el que llegó hasta la semifinal de la Copa Libertadores, cayendo con River, a la postre el campeón, en un partido de vuelta con varios errores arbitrales que lo perjudicaron. Ese equipo jugaba muy bien y contaba con grandes jugadores como Leonardo Rodríguez y Marcelo Salas en el ataque, el acompañamiento de Walter Silvani o la seguridad de Sergio Bernabé Vargas en el arco. Sin embargo, no logró clasificar a la edición siguiente del torneo continental y renunció al cargo a fin de año.
En 1997 llegó a uno de los lugares que lo marcaría a fuego en cuanto a identificación: Rosario Central. Tuvo la primera de las cinco etapas en Arroyito, consiguiendo una buena campaña y una recordada goleada por 4 a 0 ante Newell´s, partido que no pudo completarse por cuatro expulsiones y una lesión de los rojinegros. Al año siguiente, lo vino a buscar Salamanca, haciendo su única experiencia europea como entrenador. Estando en un equipo que peleaba por no descender y con la poca paciencia que se tiene en el Viejo Continente con los técnicos sudamericanos, Russo duró poco en España.
Colón de Santa Fe fue su siguiente destino en 1999, sin embargo, su paso por el sabalero fue efímero teniendo que marcharse por malos resultados, regresando a donde empezó su carrera como entrenador, Lanús, también por poco tiempo. En 2000 asumió en Los Andes, que acababa de ascender, pero su mala racha continuaba como también sus ciclos cortos. Continuó en Morelia al año siguiente en el torneo de invierno mexicano.
La buena racha regresó con su segunda etapa en Rosario Central, donde sacó al equipo de las posiciones de descenso y lo clasificó a los certámenes continentales. Y todo continuó viento en popa, obteniendo su primer título local en su primera etapa en Vélez, en 2005, lo que le valió que Boca posara sus ojos en él dos años más tarde. En el xeneize llegó al pináculo de la gloria, obteniendo la Copa Libertadores 2007 (la última que Boca consiguió hasta la fecha), sin embargo, dejó el club tras caer en la final del Mundial de Clubes ante Milan.
Siguió su periplo en San Lorenzo, en donde perdió el campeonato de manera increíble, tras tener 8 puntos de ventaja. Terminó definiendo en un triangular con Boca y Tigre, venciendo al Matador y cayendo ante el xeneize. De allí, regresó a Rosario Central, nuevamente para oficiar de bombero y salvar al equipo del descenso, hecho que logró derrotando a Belgrano de Córdoba en la promoción. Así y todo, el presidente de la institución, Horacio Usandizaga no le renovó el contrato (el canalla perdió la categoría en la temporada siguiente).
Luego volvieron las etapas pálidas. Una corta en Racing y otra en su amado Estudiantes, además de que se mencionó para reemplazar a Matías Almeyda en River, durante la temporada del millonario en la Primera B Nacional. Sin embargo, nuevamente la mala racha se terminó regresando a Rosario Central. Allí consiguió la vuelta del canalla a la primera división y permaneció un tiempo más como para clasificar al equipo a la Copa Sudamericana y llegar a la final de la Copa Argentina, cayendo por penales ante Huracán. Sin embargo, los resultados empeoraban y renunció al cargo, para asumir la siguiente semana en Vélez. En Liniers, su segunda etapa estuvo lejos de parecerse a la primera y debió irse antes de la culminación de su contrato.
Tras más de un año sin trabajar, Russo se mudó a Colombia para hacerse cargo de la dirección técnica de Millonarios. Allí se proclamó campeón en 2017. Poco tiempo antes de la obtención del título, se le detectó un cáncer, por lo que se sometió a tratamientos de quimioterapia. En el año siguiente, continuó en el cargo, con tratamiento incluido. El entrenador siempre fue agradecido con los profesionales colombianos que lo atendieron y le neutralizaron, en ese entonces, la enfermedad.
En 2019 dirigió a Alianza Lima y Cerro Porteño. Tuvo la paradoja de haber enfrentado a River en ambos equipos en la misma edición de la Copa Libertadores: en fase de grupo con el equipo peruano y en cuartos de final con el paraguayo. Nuevamente un regreso le trajo la gloria. En 2020 asumió otra vez en Boca, obteniendo el título local con una gran remontada en las últimas siete fechas, levantando la Copa de la Liga (denominada Diego Armando Maradona en esa edición por la reciente muerte del astro) y cayendo en la semifinal de la Copa Libertadores frente a Santos. Los resultados comenzaron a jugarle en contra, siendo despedido por la comisión directiva. Al poco tiempo, Al Nassr de Arabia Saudita lo contrató por poco tiempo sin renovar al final del vínculo.
A fines de 2022, otra vez a su hogar adoptivo: Rosario Central. Allí obtuvo la Copa de la Liga 2023 y clasificándolo a la Copa Libertadores. Al año siguiente, por motivos personales, renunció y asumió en San Lorenzo. En Boedo realizó una muy buena campaña, teniendo en cuenta la crisis institucional y económica del club. Cayó en la semifinal del torneo Apertura de la Copa de la Liga, arreglando su tercer regreso a Boca antes de ese partido, lo que le valió muchas críticas por parte de los hinchas de San Lorenzo. Ya en su tercera etapa, se lo veía muy desmejorado. Los problemas de salud habían vuelto y estaba muy expuesto al show periodístico, a la picadora de carne y al morbo de muchos. Las cámaras parecían divertirse tomando al entrenador con un estado tan precario que no salía del banco a dar indicaciones y hasta se quedó dormido durante un partido. Con su salud muy delicada, se tomó una licencia que fue permanente. Falleció el 8 de octubre de 2025, en su casa tras luchar contra una dura enfermedad hasta el final.
Si bien puede decirse que Russo está identificado con Estudiantes, por razones obvias, también logró estarlo con Rosario Central y, en menor medida, con Lanús, Vélez y Boca. Pero lo más importante es que dejó un legado de seriedad y profesionalidad. Jamás le faltó el respeto a ninguno de sus rivales y era un hábil declarante, muchas veces hablando sin decir nada. Todo el ambiente del fútbol le mostró su respeto cuando se fue, el mismo que él tuvo para con el ambiente. Sin dudas es un hombre que trascendió por sobre las identificaciones.
El Puma
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