LA PESADA CAÍDA, CAPÍTULO 4
Al llegar, había mucha gente entrando y saliendo. Entre lágrimas y sentimientos de tristeza, la gente entraba a consolar a doña Elisa. El Petaco se quedó paralizado y se le hizo un nudo en la garganta. Recordaba la conversación que había tenido con Toto horas atrás. No se atrevía a dar otro paso y se quedó parado ahí. Tras unos minutos, tomó coraje y entró. Doña Elisa lo abrazó muy fuerte. "Fue ese hijo de puta", sollozaba la madre de Toto ante el intento de consuelo del comisario. En su habitación estaba Toto acostado en su cama con una expresión de paz en su rostro. Esa que no tuvo en vida. El Petaco lo miraba buscando respuestas. Doña Elisa estaba pegada a él. Ambos quedaron allí hasta que llegó el coche fúnebre. Al entierro fue mucha gente. Desde el ruso Grumowsky, hasta el gallego Jesús García, pasando por Bernardo Passerieux y el oficial Cosco. En un costado y en absoluta soledad estaba Octavio. Doña Elisa estaba furiosa, pero no quiso hacer un escándalo en el funeral...