LA VIDA POR LOS COLORES, CAPÍTULO 1
El estadio único de La Plata estaba completamente lleno. Las noches de gloria se repetían 38 años después y las 52 mil almas que se juntaron en la ciudad de las diagonales tenían la misma ilusión. Los más grandes habían estado esperando este día como nadie. Los más jóvenes deseaban tener o, mejor dicho, continuar con el legado. En una de las plateas, un señor ya bastante mayor, acompañado de una mujer mucho más joven, ambos abrigados, pero con sendos gorros rojiblancos se encendían al grito de todo el estadio: "¡Estudiantes! ¡Estudiantes!" Cristóbal cumplió su deseo de ver a su querido pincharrata en otra final de la Copa Libertadores. Su espíritu aventurero estaba intacto, no así su salud. Había salido de su casa con el pretexto de visitar a su hija Mecha a Mar del Plata. No había mentido, pero había obviado la segunda parte: con ella se iban a ver la final entre Estudiantes y Cruzeiro. Cristóbal ya no era ese adulto joven, pero tenía las mismas ilusiones. Ya octogenario y...