LA PESADA CAÍDA, CAPÍTULO 2
Apostado en la esquina, no observaba nada raro, hasta que vio a alguien llegar ahí. Tomó su celular y filmó ese momento. Al hacer zoom, reconoció al extraño enseguida. Era el abobado Nicanor Weber. La puerta se abrió y el letrado entró. El Petaco se quedó cerca haciendo guardia. Mientras tanto, adentro, los ánimos estaban caldeados. "¿En serio no sabés dónde está Leopoldo?, arrancó Weber. - No sé, ni me importa. - Tan unido que estabas a él. - Ya no es mi problema. Seguí buscando y fijate como te va. - ¿Qué querés decir con eso? - Lo que vos entiendas. - Vos sabés dónde está. Decímelo. Me debés por lo menos eso. - ¡Yo no te debo nada!" En ese momento, sacó un cuchillo de carnicero ante la pálida mirada de Weber. "Sos insistente, eh, se regodeaba Octavio. Está bien, te voy a decir dónde está el estirado ese. Está en el mismo lugar donde vos vas a estar en unos minutos. ¿Y sabés qué? Ni Dios los va a encontrar". Dicho esto, se abalanzó sobre él y lo apuñaló. En un r...