OCTAVIO Y GRACIELA, CAPÍTULO 6 (FINAL)
Era viernes por la noche. Llovía a cántaros y las pocas personas que estaban en la calle corrían para refugiarse. Octavio había olvidado su paraguas, sin embargo, era el único que caminaba a paso lento mientras que el agua caía a baldazos. Llegó a su casa, empapado y con la ropa pegada al cuerpo y, como era habitual, llamó a su madre. Al no tener respuesta, empezó su fastidio. Ni siquiera tomó su celular para ubicarla, de solo pensar donde estaría, se pondría de peor humor. Aprovechó su soledad para ducharse y tirar esa ropa mojada que tenía puesta en el piso del baño. Pidió comida por teléfono y, luego de ponerse su pijama favorito, cenó. Afuera seguía diluviando, mientras él disfrutaba cada bocado. Luego se preparó un té de boldo y se fue a dormir. Pasada la medianoche, los truenos y las carcajadas de Graciela con su acompañante de turno se escucharon al unísono. Enseguida, Octavio reconoció la voz del ruso Grumowsky. La ira que tanto le había costado neutralizar, regresó a él ...