EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS, CAPÍTULO 8
Nicanor Weber se regodeaba. Se iba acercando a doña Elisa como un lobo que marchaba a comerse a su presa. "Señorita Saint Louis, arrancó con tono pausado, usted... - Señora Colombo, lo interrumpió doña Elisa. - ¿Perdón? - Ni soy señorita, ni uso mi apellido de soltera. Además de que lo acaba de pronunciar mal. Si va a dirigirse a mí, le pido que lo haga como Señora Colombo. - Pero usted no está casada. - Soy viuda de Cristóbal Colombo y me identifico con mi apellido de casada. Y así me conocen. - Como quiera - su expresión empezó a cambiar hacia el fastidio -. Señora Colombo, ¿usted sabe usar armas o tiene portación? - Sí, señor. - ¿Y estaba dispuesta a disparar cuando apoyó la esopeta en la sien de mi cliente? - En defensa de mi familia, de ser necesario, lo hubiera hecho. - O sea que estaba dispuesta a matar. - Objeción, señoría, cruzó el doctor Feliciano Álvarez, mi colega está tergiversando la declaración de la testigo. - Ha lugar, cortó el juez, la declaración de la testigo...