PRISCILA, CAPÍTULO 4
Unas horas después, se despertaron. Priscila miró su reloj y se levantó como un resorte. "¡Nicole!", exclamó. Octavio estaba al lado y solo atinó a mirarla. "Perdoname que salte así, se excusó ella, dejé a mi hija en lo de Toto y es tarde". Él no le dijo nada, solo asintió con su cabeza y luego se puso su bata atigrada, bastante llamativa. Salieron del cuarto y antes de irse, ella le preguntó si le iba a mostrar el cuarto que faltaba. El rostro de Octavio se transformó y él su puso inmediatamente a la defensiva. "¡Ahí no entra nadie!", gritó ante el desconcierto de ella. Hubo unos segundos de silencio incómodo, hasta que Priscila se disculpó. Él, entonces, se calmó. "Prometeme que nunca, jamás, vas a entrar ahí", le pidió con un tono mucho más calmo. Ella asintió, lo besó y luego se fue. En la casa de Toto, doña Elisa empezaba a perder la paciencia. No decía nada, pero su cara era muy elocuente. Eran las nueve y media de la noche cuando sonó el...