EL SECRETO DE OCTAVIO, CAPÍTULO 1
Esa mañana en clase, atrás de todas las filas, Toto y Octavio estaban insoportables. Haciendo ruidos de flatulencias o sonidos guturales, riéndose como los borrachos que veíamos los fines de semana en los distintos bares del pueblo, los profesores se cansaban de pedirles silencio. Hasta que llegó el director, pegó tres gritos y se acabó todo. Ellos seguían cuchicheando entre sí y riendo como dos estúpidos. Cuando usó el timbre para el recreo, seguían sentados ahí. Octavio hablaba en el oído de Toto y lo envalentonaba. Cuando yo salía del aula, Toto me llamó. "Oíme Cabezón, ¿venís a San Germán mañana con nosotros?" Me quedé en silencio. Ante eso, Octavio susurró algo en el oído de Toto y él siguió: "Ya sabenos que el Cabezón es un cagón". Mi primer instinto fue salir de ahí y mandarlos a ambos donde se merecían, pero recordé que Toto era mi amigo. Hice lo que debí hacer desde un principio y me fui al patio. No hablé con ninguno de los dos en el resto del día. Volv...