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TOTÓ, CAPÍTULO 15 (FINAL)

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  Doña Elisa nos recibió en la puerta. Con bastón y uno poco más avejentada, pero radiante con una sonrisa de oreja a oreja, nos esperaba. Mecha bajó rápido del auto para abrazar a su madre, mientras que yo bajaba a los mellizos para ponerlos en el cochecito. Entramos a la casa y almorzamos. Los chicos dormían su siesta, mientras que los adultos nos poníamos al día. Hace un tiempo que llevamos una vida nómade. Mientras los chicos, a quienes bautizamos Héctor Cristóbal y Daniel, ambos por homenajes familiares, no estuvieran en edad escolar, nuestra vida seguiría así. En cuanto lleguen a esa edad, decidimos hacer base en Buenos Aires, aunque, en menor medida, seguiríamos moviéndonos. Tenemos casa tanto en Buenos Aires, en Mar del Plata y en Villa Yapur.  Nuestra vida es alocada, pero feliz. La llegada de los chicos mejoró aún más todo. En más de tres décadas nunca volví a mi pueblo natal y los últimos dos años ya lo hice más de diez veces. En mi antiguo cuarto tenía el escritori...

TOTO, CAPÍTULO 14

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  Al día siguiente, volvimos a despertarnos tarde. El ruido de la tormenta fue lo que me despertó. Mecha siguió unos minutos más antes de preguntarme en un tono algo burlón si me asustaban los truenos. Ya me tenía que volver a Buenos Aires, a más tardar, dos días después. Miraba la ventana y como caía la lluvia. Ahí recordé el día en que me fui. También caía un tremendo aguacero. Salí de mi casa rápido aquel día. No me despedí de nadie. Había terminado las clases el día anterior. A nadie le comenté que me iba. Los que se iban a estudiar, rumbearon para La Plata, en su mayoría. Mi último año fue el peor de todos. No me daba casi con nadie. Tenía la decisión tomada desde el verano anterior. Me senté con mis padres en el living y les plantée que mi opción era Buenos Aires y que me iba solo, que no me quería cruzar con nadie del pueblo. Ni siquiera volví durante el verano. Había dejado Villa Yapur para siempre. O eso creía yo. Hasta que aparecieron las redes sociales y el bichito empez...

FE DE ERRATAS: TOTO, CAPÍTULO 7

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  A pesar del susto inicial, no le di mucha importancia al asunto. Tenía como prioridad iniciar los trámites para quedarme con la casa. Dejé esa carta arriba de una de las mesitas de la sala y salí. Caminé ese corto trayecto hasta la municipalidad. Como todo lo hecho desde que llegué, sentí que viajé en el tiempo. Solo que estaba todo en estado calamitoso. Esto es claramente falta de voluntad. Si doña Elisa, casi sola, me pudo mantener mi casa limpia e impecable, esto con los impuestos que cobran, debería estar como nuevo. En fin, mejor era pensar en el objeto de mi visita y no de gastar pólvora en chimangos. Llegué a la oficina del registro de la propiedad. Todavía no puedo creer quien me atendió. Era Martita. Bueno, estaba algo madura para que la llamara de esa manera. En cuanto me reconoció, un semblante cambió. Inició el trámite de una manera que jamás había visto en un empleado público. Justo lo que antes decía sobre la voluntad. Me convidó unos mates y empezamos a conversar d...

TOTO, CAPÍTULO 13

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  Antes de ir a la casa de doña Elisa, pasé por casa y dejé la bolsa con las pertenencias de Octavio. La metí en una compuerta secreta donde mi padre guardaba varios recuerdos. Para mi sorpresa, aún estaban ahí. Llegué a la casa donde encontré a doña Elisa sonriendo. "No saben lo feliz que me hacen, exclamó eufórica, siempre soñé con esto. ¡Si Cristóbal estuviera acá! ¡Y Toto! ¡Bienvenido a la familia, querido!" Mecha la detuvo, sonrojada por la vergüenza. Doña Elisa envió a su hija a preparar un café. En cuanto Mecha enfiló para la cocina, doña Elisa se acercó a mí y empezó a susurrarme al oído. "Esto que te digo no sale de acá, dijo en voz muy baja, me imagino que viste el cadáver de ese hijo de puta". Asentí con la cabeza antes de que ella continuara: "Yo oficié de loba de Francia". Abrí los ojos grandes de sorpresa. "Solo vos lo sabés, aseguró y siguió, él pagó por haber matado a Toto, abusar a Mecha, dejarla embarazada para que después sufriera c...

TOTO, CAPÍTULO 12

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  Dormimos hasta muy tarde. Decidimos dedicar el día solo para nosotros. Desayunamos en la cama y nos quedamos ahí, conversando, divirtiéndose y dedicándonos a nosotros. Ninguno hizo la pregunta incómoda. ¿Será porque no nos animamos o porque ni falta hace hacerla? En estos días, estaba cerrando etapas que creía olvidada. Estábamos a punto de preparar la cena, cuando sonó mi teléfono. Era el ruso Grumowsky. Su tono era solemne y me pidió que me dirigiera a la penitenciaría. No tuve tiempo de retrucar, él cortó. Mecha, al verme, se preocupó. Le dije adónde iba y también que la encontraba a la vuelta en la casa de su madre. Nos despedimos con un beso y me fui a la penitenciaría. El ruso y el Petaco Nannini estaban ahí. "Cabezón, arrancó el ruso, sucedió una tragedia". Los dos estaban muy serios y se miraban, como buscando qué decir. "¿Qué pasó?", atiné a preguntar en un tono neutro. "Hubo un hecho... trágico", balbuceó el Petaco. "¿Qué?", insistí. ...

COSA SERIA

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  Los de Liniers y los de Mendoza no solo lideran sus grupos, sino que consolidan su solidez fecha tras fecha. River, con entrenador interino, igualó con uno de los líderes. Boca empató en la Bombonera con más murmullos que elogios. Independiente se hace fuerte en Avellaneda. San Lorenzo igualó en Córdoba. Racing sigue sumando. Vélez venció a Estudiantes, en La Plata, por 1 a 0 y se consolida como el puntero absoluto del grupo A. Los de la V azulada obtuvieron un triunfo clave ante el último campeón que estrenó al uruguayo Alexander Medina como nuevo entrenador. Independiente Rivadavia igualó en un tanto con River, en Mendoza, y continúa comandando el grupo B. La "lepra" se puso en ventaja en el primer tiempo, sin embargo, los de Núñez igualaron en el complemento.  Boca igualó con Gimnasia de Mendoza, en la Bombonera, tras ir perdiendo y teniendo una actuación para el olvido. Los hinchas xeneizes terminaron silbando a su entrenador, Claudio Úbeda, y obtuvo su tercer empate co...

TOTO, CAPÍTULO 11

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  Octavio miró de pronto a la mesa y palideció. Empezó a mirar hacia el piso, giraba la cabeza con desesperación. "¿Se te perdió algo?", le pregunté casi al borde del ataque de risa. Octavio quedó mudo. Pasó de tener una absoluta seguridad triunfante a una expresión de pánico. No entendía lo que pasaba. La pistola que había dejado sobre la mesa ya no estaba más. Quiso salir corriendo, pero yo llegué antes a la puerta. "¿Adónde vas?, le dije. Vamos a arreglar las cuentas". Lo agarré de su camisa, lo zamarrée y le metí una trompada con tantas ganas que lo tiré al suelo. No le di tiempo a reaccionar. Lo volvía a agarrar, lo levanté y le clavé un rodillazo en el estómago y, mientras jadeaba, le tiré una patada a los genitales con toda mi fuerza. Quedó doblado en el piso, en un grito de dolor. En ese momento, Mecha entró. Estaba acompañada por el ruso Grumowsky y el Petaco Nannini, comisario del pueblo. Este lo agarró a Octavio, lo puso boca abajo y lo esposó con las man...