OCTAVIO Y GRACIELA, CAPÍTULO 3
Octavio se había quedado en su despacho hasta tarde. No había sido una jornada ni ardua, ni agotadora, pero a él le gustaba que lo vieran merodeando dentro de la municipalidad. Se iba a despedir de don Jesús García, pero cuando vio la puerta del despacho cerrada y un pañuelo rojo en el picaporte, entendió todo y siguió de largo. Cuando llegó a su casa, todas las luces estaban apagadas. Extrañado por la situación tuvo un mal presentimiento. La habitación de Graciela tenía la puerta cerrada. Golpeó una vez, luego dos. No había respuesta. Abrió. No había nada y la cama estaba hecha. Era raro todo, hacía varios años que Graciela no salía hasta tan tarde. No sabía si enojarse o asustarse. Suponía lo que su madre estaba haciendo, pero ni se imaginaba dónde. Tomó su celular y se aprestaba a llamar, se le habían anticipado. Respondió y su rostro se transformó. "¿Mamá?, esbozó con cierta incredulidad. Del otro lado, el llanto y la desesperación no ayudaban a Graciela para explicar lo que...