TOTO, CAPÍTULO 9
El agasajo siguió hasta tarde. El ruso tiró la casa por la ventana y terminamos muy tarde. Cuando salimos, Mecha y yo acompañamos a doña Elisa a su casa. Después de despedirla, Mecha le dijo que venía conmigo. Le vi una gran sonrisa, como hacía tiempo no se la veía. Caminábamos despacio, pegaditos y tomados de la mano. Llegamos a la puerta de casa, nos miramos a los ojos, nos tomamos de las manos y empezamos a besarnos. No fue un beso más. Fue completamente distinto a todos los que nos habíamos dado antes. Ambos sabíamos que después de esto, no había vuelta atrás. Ya no era pasión de un rato, sin compromisos. Esto era tan real y auténtico. Estos días que pasamos juntos, llegamos a una profundidad como nunca en el pasado. Salimos de nuestra zona de confort para dar ese paso que nuestra inmadurez no nos permitía. "Así los quería agarrar", dijo una voz que cortó bruscamente ese momento. Si bien pasaron más de 30 años, reconocí de inmediato la voz de Octavio: Mecha se aferró m...