LA TURCA
Desde que me enteré de tu ida, Toto querido, no paro de regresar al pueblo en mi mente. En realidad, los que vuelven son mis recuerdos. El pueblo, la casa de mis padres, los Colombo, mis compañeros y ella. Mi primer amor, esa chica que me paralizaba, la que lograba que crecieran mariposas en la panza, la que me hacía suspirar y soñar. La Turca vivía a tres cuadras de mi casa. Tantas veces pasé por ahí a generar un "encuentro casual". Las primeras veces, saludaba tímidamente y me iba. Aunque parezca una estupidez, eso para mí era un avance. Cuando fui creciendo, me empecé a animar a conversar, pero no a declararme. A veces la encontraba con Priscila, que al cabo de un rato se iba y nos dejaba solos. Notaba que teníamos muchas cosas en común. Nuestras conversaciones eran muy divertidas y profundas. Cada tanto salíamos a pasear y tomábamos mates. Más de uno daba por hecho que éramos el uno para el otro. Mi vieja, cada tanto, invitaba a tomar el té a la familia entera. Hasta pa...