LA PESADA CAÍDA, CAPÍTULO 1
En el cementerio del pueblo había una tumba visitada por una sola y misma persona. Ese hombre iba religiosamente todos los sábados cuando el sol comenzaba a caer. Se aseguraba de que nadie estuviera. Era su momento. Ese instante en el que lloraba y recordaba a su amada Graciela. La mujer que allí descansaba no recibía otra visita, ni siquiera de aquellos a los que le había dado momentos de placer y felicidad. Tan sólo él le fue fiel. Depositó el ramo de flores que compró antes de llegar a la tumba. Miró la lápida, juntó sus manos, bajó luego la cabeza y rezó. Ya se hacía de noche, era hora de volver. Al cruzar la puerta, percibió a una persona que parecía perdida. Se acercó. "¿Toto?, susurró. - Hola Petaco. ¿Cómo andás? - ¿Qué hacés acá? - Quería visitarlo a mi viejo. - Es tarde para estar por acá. Tu vieja debe estar preocupada. - Tenés razón. ¡Pobre viejita! - Deberías estar agradecido. - Estoy agradecido y, a la vez, siendo culpa. - ¿Por qué? - Porque nadie en mi familia pued...