TOTO, CAPÍTULO 5
Si bien me quedaron temas pendientes, la tentación o, mejor dicho, la ansiedad por volver a mi casa pudo más. Me despedí de doña Elisa con la promesa de volver a tomar el té en los próximos días. Volví para la plaza y la crucé. Pasé por al lado de la municipalidad y pude ver en los costados varias pintadas, casi todas amenazas firmadas por la banda de la esquina de Rogel. No necesito decir que Octavio estaba detrás de todo eso, con la venia de alguno que corta el bacalao. Ahora que lo pienso, doña Elisa no me dijo por qué estaba preso. Bueno, no hay que esforzarse mucho para adivinarlo, sobre todo después de haber visto esas pintadas. Finalmente llegué a mi meta. Permanecí parado frente a la puerta unos minutos, todo estaba impecable. Nadie que no conociera el pueblo o su historia, pensaría que se trata de una casa abandonada. Tomé coraje y entré. El orden y la limpieza que siempre imperó seguía vigente. Si hasta me parece escuchar la voz de mi vieja llamándonos para comer, o la de mi ...