MI LIO CON LA SELECCIÓN: CRÓNICAS DE MI PADRE
Mi papá no mira fútbol. Lo odia. Dice que todo se terminó con Diego Maradona, el Diego, Dieguito, y que lo de ahora es marketing, relato insoportable y tipos corriendo como si estuvieran en una publicidad de shampoo. Pero después aparece. Siempre aparece. Es un cararrota total, un fenómeno clínico. En 2014 se plantó fuerte: “Si no está Carlos Tévez, Carlitos, yo no miro”. Y cumplió… dos partidos. NO VIO los goles contra Bosnia, dos golazos de Lionel Messi y él como si nada, mirando cualquier otra cosa. Pero Holanda sí, Holanda le importaba. Estaba enamorado de Arjen Robben, gritaba los goles como si fuera holandés, “mirá esas patas, esto es fútbol de verdad”, decía, Argentina le daba lo mismo… hasta que llegó Nigeria. Tiro libre, Messi agarra la pelota y mi papá entra en trance místico, “pará… me está mirando”, se acerca a la tele como si fuera un chamán y le susurra “al ángulo, Leo…”, gol, listo, desde ese día cree que el gol lo hicieron entre los dos, sociedad Messi–mi papá, un...