OCTAVIO Y GRACIELA, CAPÍTULO 2
Graciela volvió a encerrarse en su cuarto. Octavio, por su parte, no aguantaba más estar allí. Saliendo de su casa, se cruzó con la Turca, quien lo saludó. Sin embargo, él le respondió con una grosería. Espantada, siguió su camino a paso rápido. En cinco minutos, encontró a Toto, que estaba sentado frente a la puerta de su casa. Lo saludó y le preguntó qué hacía. "Acá esto, respondió, pensando que voy a hacer de mi vida. ¿Sabías que quedé en el Deportivo?
- ¿En serio?
- Sï, al técnico le gustó como atajé. Así que capaz puedo empezar una carrera.
- ¡Con qué poco te ilusionás vos!
- ¿Y vos qué vas a hacer? Este es nuestro último año de colegio.
- Yo voy a entrar en la municipalidad y hacer carrera política.
- Y me decís que me ilusiono con poco.
- Yo aspiro a ser intendente de este pueblo. Tengo tiempo para eso. Vos te vas a jubilar en menos de diez años.
- El que tiene claro qué hacer es el Cabezón.
- ¡Ese no sabe nada! Para poder ser lo que dice que quiere ser, se va a tener que ir a alguna ciudad grande. Y si le cuesta acá, ¡imaginate en un lugar más grande! Pero no hablemos de ese. O mejor sí. Ya que sos tan amigo, podrías decirle que se deje de ilusionar con la Turca.
- ¿Por qué?
- Porque la Turca gusta de mí. Priscila me lo contó.
- ¡No!
- Y... tanto esperar que, aunque sea, la toque. No iba a ser para toda la vida. Así que, podés decirle que se la gané.
- ¿Y por qué no se lo decís vos?
- Porque no tendría el mismo sabor.
- ¿O porque no te animás?
- ¿No animarme? ¡Por favor! Si yo hablara de lo que no se animan algunos. Yo me animo a cualquier cosa. En cuanto me aburra de la Turca, me quedo con tu hermana.
- ¿Qué?
- Dale, como si tu hermana no me mirara. Como mira a muchos, por otro lado.
- ¡Te estás pasando, Octavio!
- ¿Por qué? Le estoy haciendo un elogio. Es linda tu hermana.
- ¡Basta!
- Linda y más rápida que el Correcaminos".
Esto enfureció y tiró una trompada que Octavio esquivó sonriendo. Tras maldecirlo y exigirle que retire lo dicho, recibió otro agravio más. A los gritos, lo empezó a correr. Octavio disfrutaba ver a Toto como si fuera un demente. Siguieron así por unas cuadras, hasta que, en una esquina donde Octavio dobló, apareció un grupo de chicos parado allí. Toto se frenó y esta banda lo empezó a avanzar. Atrás venía el fugitivo con expresión de un triunfador. "¿Qué pasa?, expresó con tono altanero, ¿ya no sos tan gallito?" La banda de la esquina de Rogel acorraló a un asustado Toto contra una pared. Lo rodearon y se acercaban lentamente a él. Cuanto estaban por empezar, una voz fuerte gritó: "¿Qué pasa acá?" Los muchachos de la banda se quedaron paralizados. Don Jesús García, intendente del pueblo, era quien intervino. "¡No quiero roña acá!, continuó. ¡Váyanse a sus casas, ya!" El alcalde permanecía ahí y la situación se descomprimió. Toto se fue rápido del lugar.
Don Jesús García acompañó a Octavio a su casa. Al llegar, Graciela estaba recién arreglada después de haberse dormido una siesta y al ver a tan prestigioso visitante, exhibió su mejor sonrisa. Muy amablemente, lo hizo pasar, para aumentar la ira de su hijo, quien sabía exactamente lo que iba a pasar. Se acercó Octavio a Graciela y le hizo la misma pregunta de tantas otras veces, a lo que recibió como respuesta: "¿Vos querés entrar a laburar en la municipalidad el año que viene?" El bufó y fue a encerrarse a su cuarto y esperar a que las cosas se dieran se dieran natrualmente.
Continuará...
El Puma
Comentarios
Publicar un comentario