OCTAVIO Y GRACIELA, CAPÍTULO 1

 


"¿Qué estás haciendo, mamá?, preguntó Octavio con visible ira en sus ojos.

- Salvándote el pellejo, nene", respondió Graciela antes de entrar a su cuarto y cerrar la puerta. Octavio quedó parado allí en silencio. Sabía exactamente lo que iba a suceder y hasta tenía sincronizados los ruidos y las palabras que se filtraban por esa puerta cerrada. Ya no iba a esconderse a su cuarto para taparse la cabeza con su almohada. Solo sufría en silencio, inmóvil como una estafa. Los rituales y las acciones de su madre ya le iban pareciendo normales.

Octavio y Graciela vivían solos desde que él nació. Ella trabajaba mucho para mantenerlo y, a su vez, sacaba el jugo de sus encantos hasta la última gota. Era una mujer muy atractiva y llamativa, siendo su hijo la única atadura que tenía. En el pueblo era muy mirada y presa de los rumores populares. No se preocupaba tampoco demasiado por eso. 

Cuando finalmente la puerta se abrió, Lucas Brepsy salió de ahí con un semblante que poca gente le había visto alguna vez. Octavio lo vio pasar junto a Graciela que despedía a su huésped. En cuanto se fue, él se levantó del sillón para encarar a su madre. "Mientras más más vas a ver a la rata tarta acá, espetó ella, así que empezá a portarte bien. Me tengo que estar tomando un vaso de whisky para que esa cosa tan desagradable no me caiga tan mal". No hubo respuesta, más que agachar la cabeza. "Y te aclaro algo, continuó, no quero a esos dos amigos tuyos cerca de acá". Octavio se mostró sorprendido. "Sabés a quienes me refiero, a Toto Colombo y el Cabezón Crippa", finalizó.

Continuará...

El Puma

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