TOTO, CAPÍTULO 12
Dormimos hasta muy tarde. Decidimos dedicar el día solo para nosotros. Desayunamos en la cama y nos quedamos ahí, conversando, divirtiéndose y dedicándonos a nosotros. Ninguno hizo la pregunta incómoda. ¿Será porque no nos animamos o porque ni falta hace hacerla? En estos días, estaba cerrando etapas que creía olvidada. Estábamos a punto de preparar la cena, cuando sonó mi teléfono. Era el ruso Grumowsky. Su tono era solemne y me pidió que me dirigiera a la penitenciaría. No tuve tiempo de retrucar, él cortó. Mecha, al verme, se preocupó. Le dije adónde iba y también que la encontraba a la vuelta en la casa de su madre. Nos despedimos con un beso y me fui a la penitenciaría. El ruso y el Petaco Nannini estaban ahí. "Cabezón, arrancó el ruso, sucedió una tragedia". Los dos estaban muy serios y se miraban, como buscando qué decir. "¿Qué pasó?", atiné a preguntar en un tono neutro. "Hubo un hecho... trágico", balbuceó el Petaco. "¿Qué?", insistí. ...