TOTO, CAPÍTULO 12
Dormimos hasta muy tarde. Decidimos dedicar el día solo para nosotros. Desayunamos en la cama y nos quedamos ahí, conversando, divirtiéndose y dedicándonos a nosotros. Ninguno hizo la pregunta incómoda. ¿Será porque no nos animamos o porque ni falta hace hacerla? En estos días, estaba cerrando etapas que creía olvidada. Estábamos a punto de preparar la cena, cuando sonó mi teléfono. Era el ruso Grumowsky. Su tono era solemne y me pidió que me dirigiera a la penitenciaría. No tuve tiempo de retrucar, él cortó. Mecha, al verme, se preocupó. Le dije adónde iba y también que la encontraba a la vuelta en la casa de su madre. Nos despedimos con un beso y me fui a la penitenciaría. El ruso y el Petaco Nannini estaban ahí. "Cabezón, arrancó el ruso, sucedió una tragedia". Los dos estaban muy serios y se miraban, como buscando qué decir. "¿Qué pasó?", atiné a preguntar en un tono neutro. "Hubo un hecho... trágico", balbuceó el Petaco. "¿Qué?", insistí. "Hubo una pelea y Octavio fue asesinado", soltó finalmente el comisario.
Enseguida entendí, pero no quise decir nada. No fue casualidad, está claro. Decidí no acotar nada y seguirlos hasta la morgue. Lo que vi en la camilla me dejó sin palabras. Octavio estaba ahí tirado, con la ropa rota, moretones en la cara y de la misma forma en que mataron al rey Eduardo II de Inglaterra. Creo que, para el caso, sabía perfectamente quien ofició de "loba de Francia", aunque no me importaba realmente. Al lado de Octavio, había una bolsa que el Petaco me pasó. Empecé a sacar lo que iba encontrando. Había fotos de personas tachadas, entre las cuáles estaba la de la Turca.Se me heló la sangre. El hijo de puta la mató de puro gusto nomás. Había fotos de varios compañeros, entre las cuales estaban la de Toto y la mía. Hasta estaba doña Elisa. El tipo era un enfermo y un resentido. Tenía tanto odio adentro y nunca se supo por qué.
También había algunas agendas que servían como diario íntimo. Empecé a hojearlas y tuve un nudo en el estómago. Guardé todo y me lo llevé. Mientras tanto, el cadáver de Octavio era retirado de ahí. Nadie lo había ido a ver. Sus padres ya no están, no tenía ni hermanos, ni primos. ¿Qué harían con ese cuerpo? No tengo idea. Hasta que el ruso me dijo que lo iban a cremar y a dejar sus cenizas junto a sus padres. Saliendo de la penitenciaría, vi como llegaban algunos móviles y como iban bajando de ahí los muchachos de la banda de la esquina de Rogel.
Continuará....
El Puma
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