LA PESADA CAÍDA, CAPÍTULO 5 (FINAL)
Octavio permaneció a un costado con una mirada neutra. Nadie hablaba con él, hasta que el gallego Jesús García se acercó. Le dijo algo al oído, él asintió y se fue sin llamar la atención. El Petaco parecía ser el único que se percató de ello y sentía ganas de sonreír. Cerró los ojos por unos segundos para visualizar grados recuerdos. Lo primero que le vino a la mente fue una de las noches con Graciela. No había sido una más de lujuria, sino que ambos abrieron su corazón. "Como me encantaría pasar el resto de mi vida con vos, Beni, decía ella con una voz dulce.
- Alguna vez vamos a poder.
- Si ese inútil aprendiera a valerse por sí solo.
- ¿Pensás que alguna vez lo va a lograr?
- Quiero creer que sí, pero soy cada vez más pesimista. Si por algún milagro sucediera, vámonos lejos de acá. A empezar de cero.
- Yo me iría hasta el fin del mundo con vos.
- Sos el amor de mi vida".
Se dieron un largo beso y Graciela continuó: "Beni, mi amor, prometeme una cosa.
- Lo que sea.
- Ya sé que el idiota tiene que ir en cana, pero prometeme que mientras yo esté viva, no lo vas a meter preso.
- Mientras vos lo dispongas, no lo voy a tocar.
- Ahora escuchame bien. Si yo muero y por su causa, no dudes en meterlo en una celda a que se pudra ahí.
- ¿Qué querés decir, si morís por su causa?
- Sabés muy bien lo que quiero decir.
- ¿Pensás que se va a atrever?
- Es un desagradecido y un resentido. No va a dudar en matarme si se le presenta la ocasión. Si eso sucede, sé que vos me vas a dar justicia".
Volvieron a darse un beso largo. "Petaco", escuchó el comisario antes de volver en sí. A su lado, doña Elisa lo abrazaba dándole su agradecimiento. La acompañó a su casa y luego regresó a la suya. Esa noche no pegó un ojo. Recordaba, por momentos ese último encuentro con Toto y por otros esas inolvidables noches con su amor prohibido. Apenas pudo dormir un par de horas cuando el sueño finalmente lo venció casi al amanecer. Volvió a casa de doña Elisa para convencerla de irse unos días a Mar del Plata a ver a Mecha. No le costó mucho y ofreció llevarla. La dejó allí y pegó la vuelta, a pesar del ofrecimiento de madre e hija de quedarse hasta al día siguiente.
El Petaco no podía estar quieto. En cuanto llegó al pueblo, se dirigió al juzgado de Alejandro Ortíz Narús con los videos que tenía. El magistrado no dudó y firmó la orden. El comisario se dirigió, junto con Cosco, a la casa de Octavio. Este abrió la puerta y lo primero que vieron sus ojos fue el papel firmado por el juez. El Petaco ordenó a su subordinado esposar al dueño de casa. "Estás contento, ¿no, Petaco?, soltó con una media sonrisa sarcástica. Por más feliz que estés, ella no va a volver. Yo ya te gané, idiota". El Petaco ordenó a Cosco que lo llevara de inmediato. Mientras el oficial lo esperaba en el patrullero, el comisario entró al cuarto de Graciela. Solo miró la gigantografía y soltó: "Ya te hice justicia, mi amor. Podés descansar en paz. En unos años nos volveremos a encontrar".
El Puma
Comentarios
Publicar un comentario