TRISTEZA NAO TEM FIM

 


Brasil volvió a quedarse en el camino en un Mundial contra un equipo europeo. Los pentacampeones, desde que levantaron la Copa del Mundo por última vez en 2002, no volvieron a ganarle a un seleccionado del Viejo Continente en las etapas de partidos mano a mano. En 2006, cayeron en cuartos de final ante Francia; en 2010 en la misma instancia frente a Países Bajos; en 2014 en semifinales ante Alemania y luego por el tercer y cuarto puesto con Países Bajos; en 2018 cayó en cuartos de final con Bélgica; en 2022 igualó con Croacia (siendo eliminado por penales) y ahora su verdugo europeo fue la Noruega de Erling Haaland.

El equipo sudamericano contó con grandes planteles en 2006 y 2010, cayendo su brillo y rendimiento desde la eliminación contra los Países Bajos, en Sudáfrica. Recambios generacionales por debajo de lo esperado, modificaciones en su forma de jugar y hasta en su manera de sentir el fútbol. De tener jugadores que respondían a provocaciones o insultos con mejor juego, a tener otros susceptibles que apelan a la protección arbitral si algún adversario les dice algo. ¿Alguno puede imaginarse en este último escenario a cracks como Romario, Ronaldo, Ronaldinho o Rivaldo? ¿O al Rey Pelé? Este último, no solo respondía con goles y jugadas brillantes, sino que también solía devolver - en forma muy discreta o, si se prefiere, no tan a la vista - alguna patada o codazo sin llorar y sabiendo cómo hay que responder en este juego. 

Desde que se empezó a preparar para la edición 2014 disputada en su país, Brasil dejó de ser Brasil. Ya no transmitía esa alegría cuando jugaba. O esa sensación de que iba a ganar el partido cuando se decidiera a hacerlo. Se empezaron a ver versiones más descoloridas e insulsas. Eliminaciones tempranas en la Copa América, equipos que le perdieron el respeto forman parte de la caída de la canarinha en las últimas dos décadas. Para esta última edición mundialista, se contrató a uno de los tres o cuatro mejores entrenadores del mundo, algo que, claramente, busca una mejoría. Sin embargo, es raro que un extranjero dirija técnica y tácticamente al conjunto que más veces ganó el Mundial. Carlo Ancelotti tiene una probada trayectoria y capacidad. Multicampeón con Milan, Juventus, Real Madrid, Paris Saint Germain o Bayern Munich, entre otros, el italiano aceptó un fuerte desafío. Su pragmatismo puede chocar con la manera histórica de jugar de Brasil, pero la necesidad de obtener resultados puede más. En los últimos 16 años, solo levantó la Copa América 2019 y su principal figura fue Dani Alves. 

No solamente cayó el nivel de juego, sino que perdió un sello histórico: no posee laterales de jerarquía en la actualidad. Una selección que dio enormes figuras por esos sectores como Leandro, Carlos Alberto Torres, Josimar, Branco, Cafú, Roberto Carlos, Maicon, Marcelo, Dani Alves, Leonardo, por nombrar a algunos, hoy no tiene a ninguno que pueda asemejarse. ¿Tiene buenos jugadores? El día que Brasil deje de tener buenos jugadores, desaparece el fútbol. Sin embargo, bajaron la cantidad y la calidad. Ha habido períodos largos en los que los sudamericanos no ganaban mundiales, pero en varios de ellos tenían equipos que podían aspirar al título. Pasó en 1950, 1982, en 1986, en 2006 o en 2010. Ahora, cuando se lo postula como candidato, es más por la historia que por el presente. Alguna pincelada de habilidad siempre hay, pero hoy ya no alcanza. 

Como reza una famosa canción de Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim, la tristeza no tiene fin. Pero no es la tristeza por un resultado, esa es efímera. La que no tiene fin se da por la pérdida de la identidad, por querer ser lo que no es y por querer hacer cosas que no siente. Por el bien del fútbol, Brasil debe volver a ser Brasil. 

El Puma

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