TE SEGUIRÉ HASTA LA MUERTE

 


Estudiantes de La Plata jugaba la final de Mundial de Clubes contra Barcelona. De un lado estaba Lionel Messi en uno de los momentos más álgidos de su carrera. Del otro el histórico "pincharrata" dirigido por un hombre de la casa, Alejandro Sabella. En la previa, se suponía que el equipo catalán se iba a llevar el triunfo con cierta comodidad. Quienes los preveían, poco conocían de la historia de Estudiantes y del gran estratega que manejaba los hilos del equipo.

Muy lejos de ese estadio o de la ciudad de La Plata, en la casa de la familia Colombo había nerviosismo. Toto había preparado el living para ver el partido con su padre. Don Cristóbal amaneció cansado. Hacía unos meses que no salía. La aventura que tuvo y compartió con Mecha yendo a ver a su querido Estudiantes, tanto en La Plata como en Belo Horizonte, lo había dejado sin energía. Por un lado, sentía ese alivio de haber cumplido un deseo, que era ver a su equipo ganar la Copa Libertadores con alguno de sus hijos. Le quedaba un deseo final con su otro hijo, el mayor. Toto sentía un poco de celos de Mecha por haber podido compartir esa alegría con don Cristóbal. Por eso organizó todo para que su padre estuviera cómodo.

Doña Elisa había salido. Se despidió de su esposo y su hijo minutos antes del pitazo inicial. Toto estaba parado y caminaba de un lado al otro. Don Cristóbal, quien también solía ser un manojo de nervios, estaba relajado en el sillón. El partido mostraba a un Estudiantes neutralizando a su rival y golpeando cuando tenía la posibilidad de hacerlo. Así fue como se puso en ventaja. El grito de gol fue unánime y rebumbó por toda la manzana. Don Cristóbal se levantó para abrazar fuerte a a Toto y decirle con lágrimas en los ojos cuánto lo quería. El primer tiempo terminó así. En el intervalo, padre e hijo tomaron unos mates y analizaron lo visto, además de opinar lo que debía hacer Estudiantes o vaticinar lo que podría pasar.

Cuando empezó el segundo tiempo, don Cristóbal se mostraba somnoliento. Como si ese alocado festejo con Toto le hubiera consumido energía. Mientras se jugaba, él lentamente caía en un sueño profundo. Su hijo estaba tan compenetrado con las acciones del partido, que no reparó en ese detalle. En cuanto se percató, decidió no despertar a su padre. Se estaba guardando para el festejo final. Llegaban los últimos minutos y Barcelona estaba buscando el empate con desesperación. Ya quedaba poco y sobre el último minuto, llegó la igualdad. Toto no tuvo fuerzas ni para gritar, ni para maldecir. Don Cristóbal seguía sin despertarse.

El alargue terminó con las esperanzas del equipo platense. Toto, en cuanto finalizó el tiempo reglamentario y con la derrota consumada, se acercó a su padre y le dio un beso. Este se desplomó en el sillón en cuando su hijo se levantó. Toto quedó paralizado del susto. Abrió la ventana y empezó a pedir ayuda en forma desesperada. No había nada más por hacer.

El funeral fue multitudinario. No solamente el pueblo había venido a despedir a su profesor, al hombre más culto y viajado del lugar, sino también se presentaron personas de pueblos vecinos y alumnos suyos que viajaron desde La Plata. Don Cristóbal Colombo se fue cuando había cumplido la mayor parte de sus deseos. Ni el calor extremo frenó a toda esa multitud silenciosa y que acompañaba para despedir a un hombre que siguió su pasión hasta la muerte.

El Puma

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