LA PESADA CAÍDA, CAPÍTULO 2
Apostado en la esquina, no observaba nada raro, hasta que vio a alguien llegar ahí. Tomó su celular y filmó ese momento. Al hacer zoom, reconoció al extraño enseguida. Era el abobado Nicanor Weber. La puerta se abrió y el letrado entró. El Petaco se quedó cerca haciendo guardia. Mientras tanto, adentro, los ánimos estaban caldeados. "¿En serio no sabés dónde está Leopoldo?, arrancó Weber.
- No sé, ni me importa.
- Tan unido que estabas a él.
- Ya no es mi problema. Seguí buscando y fijate como te va.
- ¿Qué querés decir con eso?
- Lo que vos entiendas.
- Vos sabés dónde está. Decímelo. Me debés por lo menos eso.
- ¡Yo no te debo nada!"
En ese momento, sacó un cuchillo de carnicero ante la pálida mirada de Weber. "Sos insistente, eh, se regodeaba Octavio. Está bien, te voy a decir dónde está el estirado ese. Está en el mismo lugar donde vos vas a estar en unos minutos. ¿Y sabés qué? Ni Dios los va a encontrar". Dicho esto, se abalanzó sobre él y lo apuñaló. En un rapto de ira, repitió el gesto diez veces más mientras Nicanor Weber yacía en el suelo sin vida.
El Petaco seguía ahí afuera alerta. Miraba la puerta de la casa de Octavio sin sacarle los ojos de encima. Vio al anfitrión sacar el auto, lo cual llamó su atención. Abrió el baúl y metió una bolsa de residuos llena allí. Todo estaba siendo filmado. En cuanto Octavio entró a su casa para ir cerrando, el Petaco llamó a Cosco para que lo siguiera sigilosamente y le reportara donde se dirigía.
El auto de Octavio no arrancaba y, tras unos minutos, divisó de lejos el vehículo de Cosco. Corrió hacia allí y se metió en el asiento del acompañante. "¿Qué pasó, comisario?, preguntó el oficial.
- Tengo la sensación de que este hijo de puta está por caer.
- Usted está obsesionado con este tipo.
- Sí, mi única obsesión es que pague por todo lo que hizo".
Continuará...
El Puma
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