EL ARQUERO, CAPÍTULO 6 (FINAL)
En la casa de los Colombo, la situación pareció calmarse. Toto se duchó y se acostó. Doña Elisa llegaba del estadio preocupada. Su esposo la calmó y se pusieron a tomar unos mates antes de preparar la casa. En cuanto arrancaron, un golpe en la ventana cortó la tranquilidad de golpe. Don Cristóbal se acercó y vio a un grupo tirando objetos contundentes y lanzando insultos contra Toto. Con el ceño fruncido, tomó el teléfono y llamó. "Jesús, gritó ante la respuesta del otro lado, tu asesor estrella y su banda de forajidos están tirando cosas en mi casa... me rompieron un vidrio... claro que es una barbaridad... ¿qué quiero que hagas? Sacame a esos delincuentes de ahí... no, no, vos no me entendés, sacalos de ahí porque voy y le digo a tu mujer las cosas que hacés en tu despacho con la madre de tu asesor estrella... veo que me estás entendiendo, bueno, te doy cinco minutos para que saques a estos tipos de ahí. ¡Ni un minuto más!"
La policía se movilizó y sacó a ese grupo de allí. Por suerte para don Cristóbal y doña Elisa, Toto estaba dormido. O al menos eso creían. Al día siguiente, Toto no se levantó de la cama en ningún momento. Sintió miedo y vergüenza. Pasó varios días así. La Turca lo venía a visitar seguido para darle su apoyo y también a su familia. Lo que ella no sospechaba era que Octavio seguía sus pasos todo el tiempo.
Al cabo de unos días, Toto puso fin a su corta carrera de futbolista. No volvió al Deportivo ni para hablar con el Flaco Silessi, ni con la dirigencia. Esa mañana en que tomó la decisión, agarró ese buzo rojo que le dio su tiempo de fama en el pueblo, lo dobló y lo metió en un baúl que su padre tenía en el garage junto a varios recuerdos. Allí encontró una foto vieja. Dos niños había en la imagen, uno con buzo de arquero y el otro con la camiseta azul y negra. Toto la miró detenidamente y sollozó: "¡Cómo te extraño, Cabezón!"
El Puma
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