EL ARQUERO, CAPÍTULO 5
El partido de ida lo ganó Atlético San Germán por 2 a 1, con un gol en el último minuto. Para la revancha, todos auguraban un resultado positivo y máxime con el regreso de Toto. Este último se recuperó rápido. Empezó a entrenar y sentía que todo recaía sobre él. Así y todo, se lo vio bien en las prácticas. El pueblo entero puso todas las expectativas en él. Un día antes del partido, don Cristóbal regresó. Contó que Mecha estaba bien y que consiguió un empleo de medio tiempo. Después de cenar, Toto palideció. Don Cristóbal lo notó y lo llevó a su cuarto. “¿Estás bien, hijo?, se inquietó.
- Me siento raro, papá.
- ¿Tiene que ver con el partido de mañana?
- No, mañana ganamos.
- ¿Y entonces?
- No sé, será algo que comí”.
Don Cristóbal palmeó cariñosamente el hombro de su hijo y lo miró antes de soltar: “Estoy orgulloso de vos, Toto”. El joven sonrió y recuperó su buen semblante. Esa noche, durmió bien. Por la mañana, se fue al club temprano. Las calles estaban vacías. Caminó con determinación hasta pocos metros antes de la entrada. Allí escuchó una voz que decía: “La vas a cagar como siempre”. Se frenó y miró para todos lados sin ver a nadie. Tras unos segundos de estar inmovilizado, volvió a avanzar. Sus compañeros lo recibieron con los brazos abiertos.
Llegó el momento de cambiarse. Los cánticos y los bombos se escuchaban desde el vestuario. El ambiente era de expectativa y preparado para una fiesta total. Mientras Toto se cambiaba, volvió a escuchar la misma frase que escuchó en la entrada. Se paralizó y luego miró para todos lados. No veía a nadie, o por lo menos no había nadie que pudiera haber dicho eso. Llegó el momento de salir a la cancha. Las modestas tribunas estaban teñidas de azul y de negro, excepto un codo que tenía los colores naranja y amarillo del Atlético San Germán. Cuando el Deportivo salió a la cancha, una explosión de papelitos y bombas de estruendo se vio y escuchó. La fiesta en la tribuna era espectacular. En el palco, don Jesús García se sentaba luciendo su mejor traje. A su lado, su hijo y su segundo, Grumowsky. El partido comenzó como se esperaba, el local atacando para igualar la serie y el visitante metido atrás, defendiéndose y dejando que los minutos pasen. El primer tiempo terminó 0 a 0. En el complemento, a los 5 minutos, Toto recibió un pase atrás de uno de los defensores, paró la pelota, miró y tiró un pelotazo largo hacia el área rival. El delantero cabeceó por arriba del arquero adversario que había salido en falso y que, por más que retrocedió rápido, no alcanzó a rechazar. El estadio explotó como nunca. La serie quedaba igualada y, hasta ese momento, se definía por penales. Toto festejaba de cara a su tribuna. En cuanto se colocó la pelota en el medio del campo de juego para reanudar, Toto empezó a sentir un frío correr por su espalda. Cerró los ojos y se sacudió un poco. Parecía haberse repuesto. Los minutos siguientes le parecieron eternos.
El partido había entrado en una nebulosa. El Deportivo no atacaba con convicción y el Atlético San Germán tibiamente empezaba a acercarse. Toto estaba acovachado en el arco. Faltando 5 minutos, salió a descolgar un centro. Utilizó, como solía hacer, una mano. El tiro no parecía complicado, pero un temblor leve en su mano hizo que la pelota rebotara. Por suerte para él, uno de los defensores logró rechazar lejos. En ese momento, Toto perdió el control. Empezó a mirar al banco para pedir el cambio. El entrenador no entendía nada. Don Cristóbal, quien estaba cerca del banco de suplentes, se dirigió a la zona. “Flaco, le gritaba al director técnico, sacalo. Va a ser peor si lo dejás, está en una crisis. ¡Sacalo ya!” El Flaco Silessi miró otra vez hacia su arco y vio como Toto deambulaba y seguía pidiendo el cambio. No dudó y mandó a calentar al arquero suplente. En la tribuna se murmuraba, nadie entendía nada. En cuanto el juego se detuvo, entró el arquero suplente. Toto se fue corriendo directamente al vestuario.
No se modificó el resultado y se fue a la definición por penales. Don Cristóbal se metió en el vestuario y encontró a su hijo con un ataque de llanto. Se sentó a su lado y lo abrazó. “Llevame a casa, papá”, sollozaba Toto con desesperación. Don Cristóbal lo ayudó a incorporarse despacio, sacándolo por la puerta de atrás y saliendo rápido hacia la casa. Mientras tanto, se definía el título y el ascenso por penales. Allí, el Atlético San Germán fue más efectivo convirtiendo los cuatro penales que pateó, mientras que el Deportivo solo metió uno. El estadio que, dos horas antes era una fiesta, se había convertido en un velorio. Lentamente, la gente se retiraba en silencio y con la cabeza gacha.
Continuará...
El Puma
Comentarios
Publicar un comentario