FRACASO ESTREPITOSO


 Cuando un acontecimiento se repite, se dice que uno tiene un déja vu. En el Mundial de Corea y Japón 2002, había una selección que era una de las grandes candidatas a llevarse el título. Un equipo que tuvo un paso más que tranquilo por las eliminatorias sudamericanas, pasando por encima a muchos adversarios y que clasificó mucho antes, de forma holgada. Ese equipo era Argentina y su entrenador era Marcelo Bielsa. En 2001, el equipo llegó al tope de su rendimiento con triunfos ante potencias europeas como visitante. Las ilusiones eran muchas. El plantel era rico en nombres e individualidades. El rosarino era conocido por sus duros entrenamientos, donde trabajaba la intensidad y la verticalidad. También lo era por no tener plan B y por "morir con las botas puestas", esto es, sin negociar su idea de juego. 

Así fue como deambuló en la fase de grupos con un triunfo ante Nigeria por la mínima diferencia y sin que le sobrara nada, una derrota con Inglaterra queriendo jugar al desborde y al centro contra un equipo que juega históricamente a eso. Finalmente, un empate ante Suecia en un tanto, sin renunciar a su esquema y negándose a juntar en el ataque a Gabriel Batistuta con Hernán Crespo. Sus defensores le halagan el hecho de no negociar la forma de jugar, justificando un excesivo romanticismo. Sus detractores lo tildan de necio y caprichoso. La realidad es que Marcelo Bielsa en 2002, dirigiendo a la selección argentina, fracasó de cabo a rabo. Poco importó lo hecho anteriormente, nadie recordó el brillante paso por las eliminatorias y quedó con una mancha difícil de borrar. Tuvo su revancha ganando la medalla dorada olímpica en 2004 y llegando a la final de la Copa América, cayendo en la definición por penales ante Brasil. Cuando lograba enderezar el barco, inexplicablemente se fue alegando que "no le quedaba más energía". Algo bastante típico en este personaje conocido como el "Loco".

Tuvo una segunda oportunidad dirigiendo a Chile, en donde formó un equipo que hizo historia. Si bien él no estuvo para cosechar las dos Copas América ganadas en la historia de la selección trasandina, sin dudas fue él quien dejó armado ese equipo para que Jorge Sampaoli, primero, y Juan Antonio Pizzi se llevaran los laureles. Repitió el hecho de irse en un momento álgido. Esta vez el motivo fue el cambio de autoridades en la Federación Chilena de Fútbol. 

Tenía una oportunidad inmejorable cuando tomó la selección uruguaya en 2023. Un equipo con historia y la posibilidad de volver a colocar a los celestes en los primeros planos mundialistas. El comienzo no pudo ser mejor: victoria ante Brasil en las eliminatorias siendo muy superior a la canarinha, triunfo en Buenos Aires ante Argentina por 2 a 0 con mucha autoridad y una muy buena Copa América obteniendo el tercer puesto. Sin embargo, tras el torneo continental, Luis Suárez se retiró de la selección dejando una bomba con fuertes críticas al manejo de Bielsa y de la relación del entrenador con varios referentes. Todo eso hizo mella en el rendimiento y Uruguay no volvió a mostrar el nivel del primer año y medio. Si bien se analizó echar al rosarino, su contrato era demasiado alto para deshacerlo así nomás. Tal como sucediera con Argentina, Uruguay llegó sobreentrenado al Mundial y no pudo demostrar lo que se esperaba. 

Dos empates, uno ante Arabia Saudita y otro con Cabo Verde, lo obligaba a vencer a España. Tarea por demás difícil. Si bien no mereció perder ante España, y también debió haber vencido a Arabia Saudita, cometió demasiados errores, pagando un precio muy alto. Inexplicablemente no llevó a Nahitan Nández, sacó del arco a Sergio Rochet, titular durante todo el proceso previo, llevó a varios jugadores lesionados y no renunció a su idea futbolística. Pasaron 24 años entre esos dos mundiales. Dicen que el tiempo hace a alguien más sabio, sin embargo, Bielsa quedó detenido en 2002 y siguió encapsulado con su ideología inflexible, dejándose vencer, tal vez, por el personaje con el que se lo apoda. Errar es humano y es algo posible, pero persistir en el error es peor aún. Los sucesos fueron casi idénticos en ambos mundiales con el mismo resultado: fracaso estrepitoso. 

El Puma

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