EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS, CAPÍTULO 5
José Faustino Feliciano Álvarez esperó a que su despreciado colega se sentara, y se levantó muy lentamente. Miró al juez, luego a los dos acusados hasta que se direccionó hacia el Petaco Nannini. "Comisario, comenzó, ya que le preguntaron por el señor Figueroa, vamos a ampliar un poco. ¿Qué me puede decir de él?
- Raro, al principio. Con el tiempo, se volvió turbio.
- ¿Se sabía algo de su familia o entorno?
- Que vivía con su madre.
- ¿Y el padre?
- Objeción, señoría, interrumpió Weber, ¿a qué nos lleva todo esto?
- Señoría, hace unos minutos mi colega estaba deseoso de saber todo y ahora objeta, estoy queriendo aportar más claridad, como planteó el doctor Weber.
- Objeción denegada, suspiró el juez con fastidio. Continúe doctor Feliciano Álvarez.
- Gracias, señoría. Repito la pregunta, ¿qué hay del padre del señor Figueroa?
- Nunca se lo vio en el pueblo, ni se supo jamás de su paradero. Él tampoco lo nombró nunca.
- Bien. ¿Conoció usted a su madre?
- Sí, señor.
- ¿Qué tanto la conoció?
- Bastante.
- ¿El bastante llega hasta dónde?
- No quisiera tener que responder a eso.
- ¿Puede decirse que llegó a la intimidad?
- Doctor, con todo respeto, un caballero no tiene memoria.
- Otro más... ejem - se aclaró la garganta luego de decir eso en voz bastante baja y que en la sala comenzaran a haber murmullos - entiendo".
El murmullo se convirtió en una carcajada generalizada. Octavio estaba rojo como un tomate, era un volcán a punto de estallar. Leopoldo volvió a tomarlo de la mano, mientras que su abogado ponía su mano en el hombro de su colérico cliente, aunque no se animaba a mirarlo a los ojos. EL juez intentaba pedir silencio, pero su contención no le permitía hacerlo. Tras unos minutos de desorden, Ortíz Narús logró reestablecer la calma. El doctor Feliciano Álvarez, ya repuesto de sus recuerdos, continuó: "Comisario, usted en su informe inicial dejó constancia de que la habitación de la madre del señor Figueroa, la que prohibió a mi cliente de entrar, era bastante extraña. ¿A qué se refería?
- Más que un cuarto, parecía un santuario.
- ¿Un santuario?
- Sí, señor.
- Como si estuviera adorando a alguien.
- Sí, señor.
- ¿En este caso a su madre?
- Sí, señor.
- Describa ese cuarto, por favor.
- Las persianas estaba bajas, en la pared detrás de la cama había una gigantografía de ella, como si la cama fuera un altar.
- Ese santuario debería estar en cada una de las casas del pueblo", dijo alguien entre la gente a quien no pudieron identificar.
- Esa mujer era la diosa del pueblo. Hay que convertir ese santuario en patrimonio histórico", exclamó otra voz perdida entre la multitud
Esta vez el caos volvió reinar en el tribunal. Octavio intentaba contenerse para no hacer un berrinche. Otra vez, Leopoldo lo tomó la mano y le dijo: "¡No!" El juez Ortíz Narús ordenó un cuarto intermedio hasta el día siguiente.
Continuará...
El Puma
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