EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS, CAPÍTULO 9
Al día siguiente, se retomó el testimonio de doña Elisa. Ella se disculpó con el juez antes de continuar. Esta último aceptó y luego intimó al doctor Weber a no volver a provocar ni a este, ni a ningún otro testigo. El abogado asintió, mientras Octavio y Leopoldo se miraban y sonreían, cuales dos adolescentes en un aula cuando se ríen en el fondo y de cualquier cosa.
Weber retomó. "Señora Colombo, ya nos dijo lo que piensa del señor Figueroa. ¿Usted le desea el mal?
- No señor. Solo quiero que se haga justicia.
- Gracias, no más preguntas".
Un silencio incómodo se generó en ese momento. Octavio y Leopoldo se pusieron serios de golpe. Mientras Weber se acomodaba, ambos lo miraron fijo a lo que el letrado murmuró: "Calma, sé lo que hago". Sehón miraba de reojo la escena hasta que se levantó. "Señora Colombo, ¿puede contarnos un poco sobre el historial del señor Figueroa para con su familia?
- Objeción, interrumpió Weber con un tono de suficiencia que molestó hasta al juez, es irrelevante.
- Denegada, cortó Ortíz Narús, continúe doctor Sehón.
- Gracias señoría. ¿Le repito la pregunta, señora Colombo?
- No hace falta. Ese señor, si es que así se lo puede llamar, ha sido una pesadilla. Desde atormentar a mi hijo y acosar a mi hija, no le quedó nada por hacer.
- ¿Hizo usted alguna denuncia al respecto?
- Ese señor siempre gozó de la protección de la municipalidad y del mismísimo intendente, don Jesús García.
- ¿Puede explicar eso último?
- Sí. Octavio Figueroa trabajaba en la municipalidad y era quien hacía los trabajos sucios. Los actos políticos los organizaba él, las convocatorias y los aprietes. Hoy sigue trabajando ahí, pero ahora lo hace para la oposición.
- ¿Cómo es eso?
- Cuando don Jesús García falleció, lo sucedió Ariel Grumowsky. Y luego, su hijo Boris. La voluntad de don Jesús García era que su hijo, Jesús, lo sucediera algún día".
Octavio y Leopoldo seguían atónitos. Miraban a su abogado impasible y fruncían el ceño. "¿No vas a objetar nada?", inquiría Octavio nervioso. "Tranquilo, le respondió Weber, están yendo para el lado adonde quiero que vayan". Feliciano Álvarez entendió todo y también estaba impasible. El juez estaba algo aburrido.
"Señora Colombo, continuó Sehón, ¿por qué piensa que Octavio Figueroa venera tanto a su madre?
- ¿Será porque llegó adonde llegó gracias a ella?
- No lo sé, dígamelo usted.
- Creo que sí.
- ¿Usted conoció bien a la madre de Octavio Figueroa?
- Solo de cruzarnos en el almacén u otro negocio.
- Todos la conocíamos bien a Graciela, gritó alguien de la audiencia.
- Orden, por favor, alzó la voz el juez.
- Vos también la conociste bien, Ortíz Narús, insistió la voz de fondo, como el fiscal y los abogados.
- ¡Silencio!
- Ese santuario tiene que ser patrimonio histórico del pueblo".
La sala se volvió un manicomio entre el tumulto, el llamado al orden del juez y el berrinche de Octavio, a quien Leopoldo intentaba calmar. La sesión se levantó, el juez suspendió el juicio por diez días. Octavio salió de la sala y se tomó un remise hasta su casa. Entró y se dirigió al santuario. Prendió una vela, dejándola frente a la gigantografía para luego mirar la imagen de esa hermosa mujer en su etapa de máximo esplendor. Su expresión era neutra. No tardó ni cinco minutos en salir para caminar y media hora después llegar a los pastizales al costado de la ruta donde solía ir. Prendió una fogata y se sentó a mirarla. De pronto se sobresaltó al escuchar ruido entre los pastizales. "Tranquilo, escuchó Octavio, solo vine a hacerte compañía". Leopoldo apareció entre los altos pastizales. "Sabía que te iba a encontrar acá", dijo el recién llegado. Octavio lo miró esbozando una media sonrisa, mientras observaba a su socio en el banquillo sentarse a su lado. "Tenés que tratar de contenerte cuando hablan de tu vieja, le dijo Leopoldo con una suavidad que rozaba la ternura.
- Me cuesta mucho contenerme. Pensé que te ibas a quedar con Nicanor.
- Él está ocupado con la estrategia. Nos va a sacar de esta.
- ¿Qué vas a hacer cuando todo termine?
- Me voy a ir a recuperar a mi hija.
- ¿Realmente te interesa?
- Tengo un apellido y una reputación que cuidar. Seguramente alguna de mis hermanas se va a ocupar. ¿Y vos?
- Yo voy a ser el próximo intendente. Pero primero tengo algunos temas pendientes que resolver".
Continuará...
El Puma
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