EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS, CAPÍTULO 10

 


Ambos se quedaron mirando la fogata sentados, tomados de la mano hasta dormirse uno al lado del otro. Al despertarse, Octavio se sobresaltó. Estaba solo, frente a la fogata apagada. Miró para los dos lados y volvió a dormirse. Mientras tanto, sonaba el timbre en la casa de Nicanor Weber. Del otro lado, Leopoldo entraba. "¿Dónde te metiste?, lo increpó su abogado.

- Estuve dando vueltas.

- Con Octavio".

Leopoldo bajó la cabeza. "Mantenete lo más lejos posible de él, continuó Weber. A vos te puedo hacer zafar fácil. Al otro... no sé. Es un tipo que está mal de la cabeza y en cuanto el fiscal y el sorete de Feliciano Álvarez le piquen el boleto, lo salva ni Dios. En cuanto te salve, andá a buscar a tu hija y dejalo que se hunda solo.

- ¿Por qué lo seguís defendiendo si lo ves así?

- Porque el boludo este de Jesús García me paga una fortuna. Entre que tiene una papa en la boca que no se le entiende nada, está tirando su guita a la basura.

- ¿Y qué pito toca Jesús García?

- Lo necesita para ser intendente. Vos haceme caso. Ahora decime, ¿qué te acerca a él?

- Fue el que me ayudó. Sin él, nunca hubiera encontrado a Priscila.

- Ahora, hablando de ella, esperemos que siga con miedo y no aparezca.

- Con la paliza que le dio Octavio, no se va a animar a aparecer".

Continuará...

El Puma

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