CRISTÓBAL COLOMBO, CAPÍTULO 1
La tarea que me encomendaron requería de mucho tiempo, estudio e investigación. Busqué material en la biblioteca, pero noté que iba a necesitar algo más. Bajé a la baulera y me puse a buscar entre las cajas con archivos, entrevistas y algunas publicaciones viejas. Abrí la primera caja y encontré uno de mis viejos cuadernos, esos que usaba en mi pueblo para contar historias o para entrevistas. Lo abrí y releí esa entrevista que me encargaron en el colegio. En cuanto me dieron la consigna, no se me pudo ocurrir otro personaje que don Cristóbal Colombo. Mientras todos los demás buscaban al intendente, en ese momento don Jesús García, hijo de un gallego que sentó cabeza rápido, o algún otro funcionario de la municipalidad o de algún pueblo vecino, yo opté por quien consideré la persona más culta, viajada e interesante que había. Ni siquiera a su hijo, mi buen amigo Toto, se le había ocurrido hacer esa entrevista.
Me acuerdo de que el viernes de esa semana, con el permiso de mi amigo y el sí del entrevistado, me fui a la casa de los Colombo donde primero tomé el té con Toto, Mecha y doña Elisa, antes de dirigirme al escritorio de don Cristóbal. El lugar era imponente, con una enorme biblioteca. Él estaba sentado, con el mate apoyado en su escritorio. "Estoy honrado de darte esta entrevista", empezó diciendo como para distender la charla desde el comienzo. "El honor es todo mío, le respondí. Para empezar, cuénteme como empezó su historia y como estaba compuesta su familia.
- Nací en La Plata y me crié ahí, aunque viajaba mucho desde muy chico. Mi padre, don Ettore Colombo, se vino a la Argentina después de pelear en la Primera Guerra Mundial, obtener una medalla y un diploma del gobierno italiano de antaño. Junto a mi madre, doña Giovanna Falcone, tomaron un barco y llegaron a Buenos Aires. Al principio, se instalaron allí, pero unos meses después, se encontraron con una familia amiga de Verona que había puesto un negocio de comida en La Plata y estaba buscando un socio. Allí llegamos al mundo yo, primero, y mi hermana Juana. Como verás, no dejaron a mis padres ponernos los nombres en italiano, por lo que hubo que traducirlos.
- ¿En su casa se hablaba en italiano?
- Solo con mi madre. Mi padre quería que nos integráramos a la Argentina, por lo que prefería que habláramos en castellano en casa. Aunque a veces se le salía la tanada.
- ¿Usted hoy habla en italiano con alguien?
- Solo con mi hermana.
- ¿Por qué sus padres le pusieron Cristóbal?
- En realidad, el nombre pensado era Cristoforo, en homenaje al descubridor de América, teniendo en cuenta de que veníamos como tantos inmigrantes a 'hacer la América'.
Continuará...
El Puma
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