PRISCILA, CAPÍTULO 8 (FINAL)
El Petaco levantó a Priscila, que respiraba con dificultad. Su rostro estaba todo ensangrentado y no podía tenerse en pie. El comisario logró llevarla como pudo a la jefatura donde el doctor Passerieux esperaba. En cuánto el médico la vio, exclamó: "Por el amor de Dios, ¿quién fue la bestia que te hizo eso?" Quienes estaban presentes se sorprendieron, era la primera vez que veían a Bernardo Passerieux con algún rasgo de humanidad. Priscila a duras penas podía hablar. El Petaco Nannini llamó en ese momento a doña Elisa para contarle lo sucedido. Ella se apersonó a los pocos minutos y vio con horror como había quedado Priscila. Se interesó de la situación y habló con todos ahí. Pidió expresamente que Toto no se enterara. Antes de irse, se acercó a Priscila y, tomándola de ambas manos, le prometió que cuidaría de Nicole mientras ella se recuperaba.
Tras unos días, Priscila se recuperó y tomó la decisión de irse a San Germán por un tiempo para luego desaparecer una vez que estén dadas las condiciones. Pasó a buscar a Nicole por la casa de Toto. La niña quería que Toto fuera con ellos y lloraba tras las explicaciones de su madre. El auto esperaba afuera. Nicole le dio un abrazo largo y fuerte tanto a Toto como a doña Elisa, a quien había adoptado como abuela. Luego Priscila tomó a Toto de la mano y fue a despedirse a solas. "Gracias por todo", le dijo ella bajando la cabeza con sentimiento de culpa. Él le subió la cabeza suavemente con uno de sus dedos. "Te amo, Priscila, le respondió él.
- ¡Cómo quisiera amarte yo también!", le respondió antes de estallas en llantos y poner la cabeza en el hombro de él. Si bien eso último le dolió tanto a ella como a él, Toto se dedicó a consolarla. Finalmente, cuando fue a despedirse de doña Elisa, esta última le dijo al oído: "Yo me voy a encargar que ese hijo de puta se pudra ahí adentro. Vamos a cuidar tu casa. No dejes de contactarte". Una vez que se fueron Priscila y Nicole, doña Elisa abrazó a Toto, que estaba acongojado. "Esa es la mujer de mi vida", aseguró él. Doña Elisa solo lo miró.
El Puma
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