BELGRANO Y SU PRIMERA VEZ
Belgrano de Córdoba se consagró campeón del torneo Apertura de la Copa de la Liga que cuenta como un título de liga nacional. El conjunto celeste venció en la final a River por 3 a 2, en un encuentro cambiante, intenso, aunque lejos de ser bien jugado. Si bien se jugó en Córdoba, la parcialidad estuvo repartida en la misma cantidad de simpatizantes por bando.
River llegaba, más por historia y antecedentes que por presente, como el favorito a llevarse el título. Belgrano, por su parte, podía llegar a tener dos sensaciones opuestas: o bien nerviosismo por enfrentar su primera final de un torneo nacional, o tener el hambre de triunfo para hacer historia. Sucedió esto último. Los de Núñez se pusieron en ventaja por intermedio de Facundo Colidio, quien empezó a cambiar insultos por aplausos gracias a sus últimas actuaciones. Eso no amedrentó al "pirata" que lo empató enseguida por intermedio de Leonardo Morales.
El partido era parejo. El equipo cordobés metía, mientras que el de Buenos Aires no lograba establecer un patrón de juego, más que tirar pelotazos para que Colidio o Joaquín Freitas se arreglaran como pudieran. En ese ir y venir desprolijo, River volvió a ponerse en ventaja por intermedio de Tomás Galván. Parecía que la cortina se bajaba, sin embargo, en el duelo de directores técnicos, Ricardo Zielinski fue más astuto que Eduardo Coudet. El "ruso" hizo cambios para intentar dar vuelta el resultado, mientras que el "Chacho" mantuvo el mismo equipo, en lugar de buscar alguna variante para retener la pelota y tratar de buscar alguna contra, aprovechando los nervios que Belgrano podría acumular.
Así fue como los celestes ahogaron a los de la banda roja y los metieron contra su arco. Faltando seis minutos, en una ofensiva de los cordobeses, Lautaro Rivero cometió un penal infantil, idéntico al que hizo en el superclásico ante Boca, dejando la mano estirada para frenar una pelota en un remate. Si bien más de uno se quejó del penal que convalidó Yael Falcón Pérez, otorgar la pena máxima fue lo correcto. Lo único cuestionable es el tiempo que estuvo para tomar la decisión, lo que lo hace turbio, pero el fallo fue acertado. Nicolás Fernández, que venía haciendo pocos goles, pero que había sido decisivo en la semifinal ante Argentinos Juniors, volvió a vestirse de héroe empatando de penal y convirtiendo el gol del triunfo dos minutos después.
Los últimos instantes, con el tiempo adicionado, mostró a un River totalmente descontrolado, haciendo los cambios como tirando manotazos de ahogado, y eso fue transmitido por su entrenador quien se fue expulsado por un arrebato contra el árbitro. En un partido con muchas emociones y poco juego vistoso, la diferencia estuvo en el manejo de ambos entrenadores. Zielinski se mantuvo calmo y leyó el partido en todo momento. Coudet se dejó llevar por las emociones y careció de sangre fría, especialmente cuando se puso en ventaja la segunda vez.
El circo mediático hablará de todo, menos de lo que importa: el juego. Allí, Belgrano fue más que River y se llevó un triunfo y un certamen en forma merecida. Las polémicas estuvieron, sí. Pero no fue lo más importante. Mientras los cordobeses festejarán y dejarán escrita una de sus páginas más importantes en la historia del fútbol argentino, el circo mediático se ocupará de decir que hay jugadores que cumplieron su ciclo y se le caerá la baba con la mugre que hay debajo de la alfombra y que, más de una vez, él mismo crea. Con este triunfo, Belgrano clasificó a la Copa Libertadores del año próximo, además de a las incontables finales inventadas de este fútbol que de campeón del mundo no tiene nada.
El Puma

Muy bueno
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