UN CAMPEÓN INOLVIDABLE
La segunda mitad de la década del 80 del siglo XX marcó una época dorada de la liga italiana de fútbol. Grandes equipos campeones como Juventus, de la mano de Michel Platini, Michael Laudrup, Dino Zoff, Gaetano Scirea, Antonio Cabrini, entre tantos nombres destacados; Milan con la base neerlandesa compuesta por Ruud Güllit, Marco Van Basten y Frnak Rijkaard, además de los locales Paolo Maldini, Franco Baresi, Roberto Donadoni, Carlo Ancelotti, Napoli comandado por Diego Armando Maradona, Antonio Careca, Alemao, Salvatore Bagni, Ciro Ferrara, Andrea Carnevale, Fernando De Napoli, no podía dejar de estar el otro grande: Inter.
El equipo nerazzurro siempre estaba entre los primeros, pero siempre quedaba en el camino. Pese a tener grandes equipos y jugadores como Alessandro Altobelli, Vincenzo Scifo, Daniel Passarella, Karl-Heinz Rummenigge, Giuseppe Baresi, Marco Tardelli, no lograba imponerse a los tres equipos antes nombrados. Llegó el verano de 1988 y se hizo un gran mercado de pases, con el recambio correspondiente. Todos los jugadores nombrados anteriormente se marcharon y había que apostar a nombres tan o más pesados. Se adquirió a Andreas Brehme y Lothar Matthaeus, múltiples campeones con Bayern Munich y titulares indiscutidos de la selección de Alemania Federal (en ese entonces, el país no estaba unificado aún) Se mantuvo a Aldo Serena, adquirido el año anterior y había que buscarle un buen acompañante. Ernesto Pellegrini, presidente del club, apostó primero por el argelino Rabah Madjer, mundialista en 1982 por su país y campeón de la Copa de Campeones de Europa con Porto dos años atrás. El magrebí puso algunos reparos, al principio, hasta que el mandamás se cansó de tantos tironeos y fue a buscar al argentino goleador que jugaba en Fiorentina: Ramón Ángel Díaz.
También le compró a Nicola Berti a Fiorentina, además de Alessandro Bianchi, de Cesena, para sumarlos a la base que ya tenía. En el arco, estaba Walter Zenga, titular indiscutido de la selección italiana. La defensa estaba compuesta por Giuseppe Bergomi, Ricardo Ferri, Andrea Mandorlini y Brehme. En la mitad de la cancha, Berti era un pilar, con ida y vuelta, defensa y ataque. Gianfranco Mattioli corría por el andarivel contrario, mientras que Alessandro Bianchi contenía y cortaba el juego. Matthaeus creaba y, además, tenía gol. Adelante, Aldo Serena era el goleador y contaba como socio a Díaz, quien también era un artillero implacable.
La campaña fue avasalladora. Goleadas, superioridad completa frente a sus rivales, eran el combo letal del conjunto milanés. Ganó el derby ante Milan por 1 a 0, derrotó a Juventus, Napoli (cuatro fechas antes del cierre y consagrándose campeón tras esa victoria) y Roma (a quien goleó en el estadio Olímpico tras muchos años sin vencer en ese estadio) entre otros. Solo cayó dos veces, en la última fecha de la ronda inicial ante Fiorentina como visitante por 4 a 3 y en la penúltima fecha, ya siendo campeón, frente a Torino por 2 a 0, también fuera de casa.
Inter obtuvo en 1989 su scudetto número 13 sacándole, en ese entonces, 4 a su eterno rival y acercándose a los 22 que tenía Juventus en su haber. El equipo era dirigido por el gran Giovanni Trapattoni, multicampeón del fútbol italiano: con Milan como jugador también fue campeón continental y mundial con el rossonero), con Juventus como entrenador en el que fue campeón local, de Europa y del mundo y le quedaba proclamarse con el tercer grande de Italia. Pocos meses después, obtuvo la Supercopa de Italia, siendo estos los únicos dos trofeos que alzó con los nerazzurri.
Ese equipo de Inter, inolvidable por el nivel de juego desplegado y lo contundente de sus resultados, terminó siendo un oasis en el desierto, en el que la corona del fútbol italiano se la disputaban Napoli y Milan. Por un año, los tifosi interistas pudieron superar a ambos y ganar el campeonato de forma inapelable.
El Puma
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Gracias!!!
ResponderEliminarHermoso recuerdo
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