EL SECRETO DE OCTAVIO, CAPÍTULO 1
Esa mañana en clase, atrás de todas las filas, Toto y Octavio estaban insoportables. Haciendo ruidos de flatulencias o sonidos guturales, riéndose como los borrachos que veíamos los fines de semana en los distintos bares del pueblo, los profesores se cansaban de pedirles silencio. Hasta que llegó el director, pegó tres gritos y se acabó todo. Ellos seguían cuchicheando entre sí y riendo como dos estúpidos. Cuando usó el timbre para el recreo, seguían sentados ahí. Octavio hablaba en el oído de Toto y lo envalentonaba.
Cuando yo salía del aula, Toto me llamó. "Oíme Cabezón, ¿venís a San Germán mañana con nosotros?" Me quedé en silencio. Ante eso, Octavio susurró algo en el oído de Toto y él siguió: "Ya sabenos que el Cabezón es un cagón". Mi primer instinto fue salir de ahí y mandarlos a ambos donde se merecían, pero recordé que Toto era mi amigo. Hice lo que debí hacer desde un principio y me fui al patio.
No hablé con ninguno de los dos en el resto del día. Volví a mi casa y me senté a estudiar. Pocos minutos después, mi madre me llamó para decirme que tenía visitas. En el living, Mecha estaba sentada en el sillón esperándome. Su visita me sorprendió. Antes de que yo le preguntara qué hacía ahí, me avasalló: "Cabezón, tenés que frenar esa rateada mañana.
- ¿Toto te dijo algo?
- Está en casa con Octavio hablando de eso.
- Y vos escuchaste.
- Sí, además de que no me gusta que ese flaco esté en mi casa. Necesito que frenes esto o, en su defecto, los acompañes. Tengo miedo de que este hijo de puta le haga hacer algo malo".
Respiré hondo y fastidiado. Verme envuelto en un lío con estos dos no me causaba ninguna gracia. Pero Mecha sabía que yo no le podía decir que no. Se quedó un rato más en casa y nos sentamos a estudiar. Hubo tiempo para varias cosas más, especialmente porque mis padres salieron. Cuando regresaron, ya era tarde y Mecha volvió a su casa. Antes de despedirnos, me insistió otra vez con no dejarlo solo a su hermano. Asentí en silencio, siendo consciente de que me iba a meter en algo engorroso.
Continuará...
El Puma
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